Verónica Ramallal en los Premios Innovatia 8.3 del Instituto de las Mujeres y la USC

El pasado 6 de julio, el histórico Paraninfo de la Universidade de Santiago de Compostela se convirtió en el epicentro del talento, la innovación y el liderazgo femenino con la celebración del VI Congreso Innovatia 8.3. Esta iniciativa, impulsada conjuntamente por el Instituto de las Mujeres y la USC, lleva quince años abriendo caminos, introduciendo la perspectiva de género en la transferencia de conocimiento de nuestras universidades y apoyando la creación de empresas de base tecnológica lideradas por mujeres. 

Para mí, participar activamente en esta jornada como mentora del programa MadrinaNET, que conecta a emprendedoras universitarias con empresarias de trayectoria contrastada, ha sido una experiencia sumamente enriquecedora. Sin embargo, más allá de la celebración de los indiscutibles éxitos y del enorme talento que allí se dio cita, el congreso nos brindó el espacio perfecto para reflexionar sobre los desafíos reales a los que se enfrentan quienes deciden dar el salto al mercado laboral o crear su propia empresa. Ahora veamos en qué puntos se centró mi participación.

La universidad y el mercado laboral

Durante mi intervención, quise poner sobre la mesa una realidad incómoda pero profundamente necesaria: la distancia insalvable que a menudo existe entre la universidad y el mercado de trabajo.

En nuestro país contamos con una formación académica excelente; formamos a profesionales con un nivel técnico y científico extraordinario. Pero cuando esas personas graduadas finalizan sus estudios, la realidad laboral es radicalmente distinta a la que se proyecta en la carrera

Esta desconexión pasa una factura especialmente alta cuando hablamos de emprendimiento. Emprender no es solo redactar un plan de negocio sobre el papel; es enfrentarse a la burocracia, a la captación de clientes, a la resiliencia financiera y a la toma de decisiones complejas.

Ser mujer, joven y emprendedora

Si el salto de la universidad al mercado ya es complicado por sí mismo, las dificultades se multiplican cuando eres mujer, joven y quieres emprender.

Aunque hemos avanzado muchísimo, siguen existiendo más trabas para las mujeres en el ecosistema empresarial. El acceso a la financiación, la condescendencia en ciertos entornos de negociación o la falta de referentes consolidados son barreras invisibles pero muy reales. Y si a esto le sumas ser joven y decidir emprender, a menudo te encuentras con una preocupante falta de credibilidad inicial. Tienes que demostrar el doble para recibir la mitad del reconocimiento.

Por eso son tan vitales programas como Innovatia 8.3, porque tejen redes de seguridad, visibilizan los liderazgos femeninos y demuestran que la ciencia y la tecnología también se escriben en femenino.

El emprendimiento como actitud: Una asignatura pendiente desde la infancia

El emprendimiento no es solo una salida profesional; es una actitud ante la vida. Es proactividad, pensamiento crítico, tolerancia a la frustración, creatividad y capacidad de resolución de problemas. Por lo tanto, no debería ser algo que se descubra casi por accidente al acabar un máster. Es por esto que el emprendimiento debería fomentarse desde las edades más tempranas, integrándolo de forma natural en el sistema educativo como una asignatura troncal más.

Apostar por tu pasión y tu talento

A pesar de todo, el mensaje para todas las jóvenes que se encuentran en esa encrucijada entre el mundo académico y el laboral debe ser claro: apostad por vuestra pasión y por vuestro talento.

El camino ahí fuera no es fácil, y la burbuja se romperá tarde o temprano. Pero cuando confías en lo que te mueve, cuando te rodeas de una comunidad fuerte que te apoya (como la red que construimos en Innovatia) y cuando entiendes que tu actitud es tu mayor activo, las trabas se convierten en escalones. No tengáis miedo de salir de la zona de confort. El mercado laboral necesita vuestra frescura, vuestra innovación y, sobre todo, vuestra valentía.

Dejar un comentario