Otro artículo que empieza “tras la pandemia…”, pero es necesario.

¿Por qué? Porque ha acelerado, indudablemente, un cambio en el mundo laboral.

¿Cómo? Lo primero, en lo evidente: el trabajo en remoto. Esto ha afectado tanto al empleado como al líder de la formación que ha tenido que aprender a gestionar y mantener motivado a su equipo a distancia.

Pero, además, ha cambiado incluso los valores de la sociedad. Esto ha dejado ver, más si cabe, que el mercado y la sociedad son realidades inseparables y en continuo cambio.

Es imposible que una formación universitaria sea lo único necesario para desarrollar una profesión hasta el final de nuestra carrera, precisamente, por esta realidad tan cambiante de la que hablamos.

El profesional tiene que saber adaptarse a estos cambios y, en la mayoría de casos, es un aprendizaje que se debe realizar sobre la marcha. Hay que estar preparado! 💪

Para esta realidad se introducen dos términos esenciales: upskilling y reskilling.

¿Qué son el upsikilliny y el reskilling?

El primero se refiere a la formación del trabajador para mejorar sus habilidades y, el segundo, al reciclaje con respecto al puesto de trabajo, que sea adaptable.

Es necesario que el trabajador se forme pero, además, que sea capaz de cambiar su perfil. La realidad, en este momneto, nos está cogiendo la delantera y no se puede mantener el mismo perfil encorsetado ya que el trabajador queda “obsoleto”.

En todo este proceso, el capital humano – o las personas, como me gusta llamarlas- es al que hay que saber seleccionar primando la adaptabilidad, la flexibilidad y la actitud.

Hay que entrenar las habilidades más blandas y digitales y retener a aquellas personas que ven oportunidades en crisis, que se abren al cambio y a la renovación y que reinventan sus conocicmientos de modo constante.

Las materias se aprenden, la actitud no 🙂

Además; evolucionar, reinventarse y mejorar, motiva a la persona. El ser humano necesita sentir que evoluciona para estar motivado. Por ello, es esencial que esta actitud forme parte del trabajador no de modo reactivo a necesidades de la empresa sino como modo de vida.

No hay trabajador mejor preparado que aquel que sea adaptable y flexible ya que no tenemos el manual para gestionar lo que nos espera en un horizonte todavía desconocido.

El mejor modo de anticiparnos es contar con la actitud adecuada.

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